Hace pocos minutos, Colombia perdió su segundo partido consecutivo y complicó, aún más, sus posibilidades de Mundial. Hace pocos minutos, el combinado nacional hizo que su clasificación a Catar dependa de un gran milagro. En definitiva, Colombia consiguió el complicado reto de dejar de depender de sí misma. Y, la conclusión que me queda, a título personal, es que en Colombia somos un país que se autodestruye, que se autosabotea.

De pies a cabeza

Si hablamos de fútbol, y dejamos de lado el sinfín de cuestiones sociales, económicas y políticas de nuestro país, encontramos en país que falla constantemente. No podemos desconocer que hay múltiples elementos positivos y decisiones acertadas, sin embargo, es difícil hacer caso omiso a los estrepitosos descalabros. Desde las decisiones del cuerpo técnico, pasando por los jugadores, e incluyendo a los dirigentes, hemos tomado la decisión de autodestruirnos.

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Colombia y una dura derrota ante Argentina | Fuente: AFP

Autodestruirse, autosabotearse, eso es lo que ha ocurrido para que Colombia vea sus chances de Mundial más lejanas que nunca. Tomemos los últimos partidos como ejemplo. Autosabotearse es que se apueste por dos delanteros goleadores y, al mismo tiempo, se les arrebate al jugador más capacitado para habilitarlos. Autodestrucción es que un jugador que perdió el balón en 14 oportunidades y fue poco útil para el equipo, jugara los 90 minutos siendo nuestro capitán. Justamente, autodestrucción es que ese mismo jugador haya jugado en tres posiciones diferentes a lo largo del partido y, en dos de ellas, no sea la mejor opción dentro de la convocatoria. Autosabotearse consiste en apostar por convocatorias desequilibradas, con elecciones cuestionables, y criterios difíciles de explicar.

Pero, de nuevo, esto no pasa solo por las decisiones del entrenador dentro y fuera de la cancha. Pues, autosabotearse es que nuestros mejores jugadores y miembros de la plantilla creen alboroto por redes sociales, cuestionando las decisiones de su cuerpo técnico. Que hagan declaraciones y entrevistas en dicha línea. Nuestra autodestrucción se vive en carne y hueso cuando nuestros jugadores insultan a la hinchada. Lo mismo puede ser dicho cuando la hinchada agrede a los jugadores.

Lo que mal empieza…

Ahora bien, hemos hablado de unos jugadores y un cuerpo técnico que han fallado en sus decisiones y acciones, pero no podemos dejar de lado a la dirigencia. No se puede olvidar que este proceso de Eliminatorias comenzó inmerso en una investigación por corrupción. La Federación de Fútbol en Colombia fue investigada y sancionada por patrocinar un cartel de reventa de boletería. Aún peor, no podemos olvidar que el actual presidente de la Federación fue sancionado por este mismo proceso.

Es difícil ignorar que, a mitad de un proceso nuevo, se cortó de raíz con lo trabajado. Carlos Queiroz fue cesado de su cargo cuando tenía a la Selección en puestos de clasificación. Y, sobre esto, preferiré no entrar en sospechas y testimonios filtrados sobre rebeliones y ‘camas'. Lo cierto es que la decisión de cambiar de técnico y los resultados consecuentes, se sumaron a un alto número de malas decisiones. Malas decisiones que no han hecho más que autodestruir las esperanzas de Colombia de cara a un Mundial con el que se soñaba.

¿Qué nos queda, Colombia?

Esa es la pregunta final, la pregunta definitiva. ¿Qué nos queda cuando miramos para arriba en la clasificación y estamos a cinco puntos de un cupo directo? Pues bien, nos queda esperanza—un poco infundada y escasa. Nos queda la convicción de que hay materia prima para conseguir hacer nuestra parte. Y queda la fe de que un milagro ocurrirá: una serie de goles inesperados, resultados impensados, y una enorme casualidad que nos meta de cabeza a Catar.