Mundial 2022 Qatar: Argelia en 1982: alarma aérea, el Estado Islámico, el Arzobispo... | Marca

Cuando sintonice la última jornada de la fase de grupos de la Copa Mundial 2022 en Qatar, el hecho de que la última serie de partidos de cada grupo se juegue simultáneamente probablemente no le parecerá tan significativo. Por supuesto, los últimos partidos de la fase de grupos se disputan al mismo tiempo, ¿por qué no habrían de hacerlo? Con tanto en juego, los partidos simultáneos ayudan a garantizar que todos los equipos tengan una oportunidad justa, por así decirlo. Reducen la posibilidad de que se produzcan caídas en la última jornada. Al tiempo, eliminan la oportunidad de que dos equipos conspiradores eliminen deliberadamente a otro. Sin embargo, no siempre fue así, o que le pregunten a Argelia. De hecho, un único encuentro maquiavélico entre Alemania Occidental y Austria en 1982 inspiró a la FIFA a reescribir las reglas.

España 1982: Alemania Occidental espera un paseo fácil ante Argelia

Alemania Occidental aterrizó en la Península Ibérica como una de las favoritas antes del torneo. La selección campeona del mundo en 1974 y vigente campeona de Europa llegaba con un balance perfecto de victorias. Además, con estrellas como Paul Breitner, Karl-Heinz Rummenigge y Lothar Matthäus en sus filas, tenía motivos para confiar.

Sin embargo, esa confianza se convirtió en arrogancia en los preparativos de su primer partido del Grupo 2 contra Argelia en El Molinón. Los alemanes occidentales se mostraron descaradamente despectivos con las posibilidades de los argelinos. Incluso, en las ruedas de prensa previas al partido, humillaron abiertamente a los africanos con desplantes poco amables. “Dedicaremos nuestro séptimo gol a nuestras esposas, y el octavo a nuestros perros”, dijo burlescamente un jugador. A su vez, el seleccionador de Alemania Occidental, Jupp Derwall, se mofaba de que “se subiría al primer tren de vuelta a Múnich” si su equipo era derrotado.

Aunque la desfachatez de los alemanes era nauseabunda, tenían algunas razones para creer que Argelia sería una oposición débil. En ese momento de la historia de la Copa Mundial, sólo un cuarteto de naciones africanas había jugado antes en el torneo. Las cuatro tuvieron poco impacto (Egipto (1934, R1), Marruecos (1966, R1), RD Congo (1974, R1), Túnez (1978, R1).

15 miembros de la selección de Argelia seguían jugando en la liga nacional debido a una norma de la época que prohibía a los jugadores salir del país antes de cumplir los 28 años. Siete de los mismos jugadores no habían ganado nunca un solo partido internacional. Sin embargo, si los preparativos de Alemania Occidental hubieran sido más profesionales, todo sería distinto. Se habrían enterado de las magníficas actuaciones de Argelia antes del torneo. Estas incluían victorias sobre la República de Irlanda, el Real Madrid y el Benfica. También podrían haber presenciado parte del impresionante fútbol de ataque que les sorprendió en el calor del verano.

Argelia, la sorpresa, toma el mando del Grupo 2

Antes del comienzo del partido en Gijón, el 16 de junio, los jugadores alemanes mantuvieron la postura de ejecutivos de negocios fumadores de puros admirando su propia magnificencia. No obstante, pronto fueron sacados de su estupor por una brillante exhibición argelina. Con su lateral y mejor jugador del partido, Chaabane Merzekane, deslumbrando por la banda, Argelia ofreció un show de habilidad y arrogancia que Alemania Occidental no pudo digerir.

Rabah Madjer dio a los argelinos una merecida ventaja en el minuto 54. Y, aunque Karl-Heinz Rummenigge consiguió empatar para los alemanes en el 67, Argelia restableció su ventaja casi inmediatamente por medio de Lakhdar Belloumi. Mantuvo su ventaja hasta el pitido final, convirtiéndose en el primer equipo africano que gana a un equipo europeo durante un Mundial.

El resultado resonó en toda Europa y en el resto del mundo, provocando increíbles celebraciones en Argelia y ganando un nuevo ejército de simpatizantes para el equipo. Después, una de las figuras del equipo ganador, Belloumi, rechazó la oportunidad de devolverle a los alemanes occidentales sus insultos, diciendo: “Respetamos al equipo alemán y respetamos a su país, sólo nos alegramos de haberles hecho respetar también el nuestro”.

El cóctel de euforia y adrenalina que siguió a la victoria pareció restarle energía a Argelia en la segunda jornada, en la que su falta de experiencia se reflejó en una derrota por 2-0 ante Austria. Sin embargo, los argelinos recuperaron la concentración para el 24 de junio y lograron un sorprendente triunfo por 3-2 ante Chile en el Estadio Carlos Tartiere de Oviedo. El triunfo los dejó a las puertas de la clasificación para los octavos de final de la Copa Mundial de 1982.

Una maravillosa historia estaba a punto de desarrollarse, o eso pensaban todos.

La desgracia de Gijón

La victoria de Argelia contra Chile el 24 de junio la situó en una cómoda posición en el Grupo 2, por detrás del líder Austria y con dos puntos de ventaja sobre Alemania Occidental, que languidecía en la tercera posición. Sin embargo, un día después, el 25, Alemania Occidental y Austria se enfrentaron en Gijón para concluir sus propias campañas de grupo, en las que los vecinos amistosos y los compañeros de cultura sabían que una victoria de Die Mannschaft por 1-0 o 2-0 les daría a ambos equipos el pase a la siguiente fase de la Copa del Mundo a expensas de Argelia.

A los ocho minutos de la contienda, Horst Hurbesch adelantó a la República Federal de Alemania. Pero lo que ocurrió inmediatamente después del gol del delantero de 31 años provocó la burla generalizada. Con sus destinos entrelazados y el marcador mutuamente beneficioso, tanto Alemania Occidental como Austria, a todos los efectos, dejaron de jugar.

Los equipos se turnaron para acariciar el balón en su propio campo, burlándose de la integridad deportiva de la Copa del Mundo al negarse a atacar en un caso de flagrante amaño de partidos en directo. En el interior de El Molinón, los partidarios estaban estupefactos y gritaban “Fuera, fuera”, mientras otros agitaban billetes en señal de disgusto. El mensaje era claro ante la sospecha de que se trataba de negocios dudosos y de intercambios financieros sin escrúpulos.

De vuelta a Alemania, el comentarista de televisión Eberhard Stanjek se lamentó: “Lo que está ocurriendo aquí es vergonzoso y no tiene nada que ver con el fútbol. Se puede decir lo que se quiera, pero no todos los fines justifican los medios”, antes de negarse a seguir hablando sobre el partido.

En Austria, el comentarista Robert Seeger compartió un disgusto similar y aconsejó a los espectadores que apagaran sus aparatos, mientras que el ex internacional alemán Willi Schulz tachó a sus compatriotas de “gángsters”. Sin embargo, los implicados directamente jugaron el partido completo ante la cacofonía de la desaprobación. Cuando el árbitro escocés Bob Valentine hizo sonar su silbato por última vez, ambas selecciones estaban clasificadas. Argelia estaba fuera.

Las consecuencias: los sinvergüenzas y el cambio de reglas de la FIFA

A pesar de las amplias críticas a sus acciones, tanto Alemania Occidental como Austria parecieron no inmutarse en los días siguientes. Cuando los hinchas alemanes se reunieron en el hotel del equipo para manifestar sus sentimientos, los jugadores abrieron fuego contra ellos con una descarga de bombas de agua desde sus balcones.

El jefe de la delegación austriaca, Hans Tshak, soltó aún más veneno cuando se le presionó sobre el tema. Al respecto, dijo: “Naturalmente, el partido de hoy se ha jugado de forma táctica. Pero si 10.000 ‘hijos del desierto' aquí en el estadio quieren provocar un escándalo por esto, sólo demuestra que tienen muy poca escuela. Algún jeque sale de un oasis, se permite oler el aire del Mundial después de 300 años y se cree con derecho a abrir la boca”.

El seleccionador alemán, Jupp Derwall, comentó: “Queríamos progresar, no jugar al fútbol”, mientras que el capitán Lothar Matthäus afirmó: “Hemos pasado, eso es lo único que importa”.

Naturalmente, los argelinos se mostraron incrédulos ante estos hechos turbios, aunque el recurso que presentaron, que incluía la petición de una repetición, fue rechazado por la FIFA. Sin embargo, los propios jugadores veían las circunstancias desde otro punto de vista, al menos según Chaabane Merzekane. Aquel dijo: “No estábamos enfadados, estábamos tranquilos. Ver a dos grandes potencias degradarse para eliminarnos fue un homenaje a Argelia. Ellos avanzaron con deshonor, nosotros salimos con la cabeza alta”.

Además de la solicitud de Argelia, la FIFA recibió numerosas peticiones de otros países para organizar una repetición, pero el organismo rector del fútbol mundial no aceptó la idea. En su lugar, la FIFA introdujo algunas modificaciones en el reglamento de los torneos de la Copa del Mundo. Según estas modificaciones, los últimos partidos de cada grupo a partir de la siguiente competición (1986) se disputarían exactamente a la misma hora, de modo que la vergüenza de Gijón nunca podría repetirse.

El argelino Lakhdar Belloumi consideró que ese resultado era más significativo que su descalabro en España. “Nuestras actuaciones obligaron a la FIFA a hacer ese cambio, y eso fue incluso mejor que una victoria”, dijo. “Significó que Argelia dejó una marca indeleble en la historia del fútbol”.

El futuro de Alemania

La República Federal de Alemania, por su parte, logró sobrellevar la montaña de malos deseos y absorber el odio que se dirigía hacia ella. Se abrió camino hasta la final de la Copa del Mundo de 1982 en Madrid. Sin embargo, la justicia poética fue servida por una Italia desbocada en el Santiago Bernabéu. Allí, los italianos vencieron a Alemania Occidental por 3-1 gracias a los goles de Paolo Rossi, Marco Tardelli y Alessandro Altobelli en la segunda parte.

La pérdida y el posterior dolor que generó parecían un castigo adecuado para los artífices del “Nichtangriffspakt von Gijón” o el “Pacto de no agresión de Gijón” de unas semanas antes. Dos años más tarde, la República Federal de Alemania figuraba entre las favoritas para defender con éxito su corona de campeona de Europa en la Eurocopa de 1984, en Francia, bajo la batuta de Jupp Derwall. Sin embargo, fracasó estrepitosamente y abandonó el torneo en la primera ronda.

La imagen pública de Derwall se deterioró tras la sorprendente eliminación de Alemania Occidental, hasta el punto de que se le abucheaba cuando se le veía por las calles alemanas. Con ello, el seleccionador fue destituido poco después, una decisión que probablemente haya provocado alguna que otra sonrisa en Argelia.