Fuente: Getty Images.

Anoche se le fue una oportunidad más a Tigres para dar el golpe en la mesa respecto a su “grandeza”. En la vuelta de la Concacaf Champions League, Rayados logró su revancha que había esperado por casi dos años al ganarle el título internacional a su arduo vecino. Y con esto ya son tres finales (Copa Libertadores en 2015 y “Concachampions” en 2017 y 2019) de esta índole que dejan escapar.

Los dirigidos por Ricardo Ferretti han firmado una década de “dominio relativo“en la Liga MX (4 títulos ligueros, uno de Copa MX y dos de Campeón de Campeones). Sin embargo, a la hora de disputar trofeos continentales, pareciera que lo más complicado para Tigres es hacer lo más fácil. Especialmente en esta final ante sus archirrivales.

Tras la ida en la que cayeron 0-1 ante La Pandilla, uno esperaría que Ferretti estuviera dispuesto a meter sus mejores hombres para la vuelta. Además, recordemos que el francés André-Pierre Gignac ya estaba recuperado de su lesión e incluso tuvo minutos en el primer encuentro de esta nueva “Final Regia”.

No obstante, el entrenador brasileño metió de titular al francés tres días después para su duelo ante Puebla en la jornada 16 del Clausura 2019. Sí, a pesar de que su equipo ya tenía seguro su boleto a la Liguilla alineó a Gignac junto con Luis El Chaka Rodríguez, Carlos Salcedo, Jesús Dueñas, Guido Pizarro y Javier Aquino.

Bueno, al menos el entrenador poblano José Luis El Chelís Sánchez Solá tuvo la amabilidad de agradecer que le tuvieran “respeto”. Seguro la consciencia del Tuca debe estar tranquila por ello o eso quiero imaginar.

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¿Pero qué necesidad…? 

Sin el afán de cuestionar la planeación de trabajo de Ferretti, es invitable preguntarme por qué no le dio descanso a la mayoría de los que jugó ese partido. En verdad había poca trascendencia para ellos ese duelo y lo prioritario era darle un respiro a sus jugadores más importantes.

En una final necesitas usar tu mejor cuadro y que este se encuentre al 100 % de estado físico y mental. Y aunado a esta idea que se tiene, tampoco me explico que en XI inicial de Tigres no apareciera Gignac, su jugador más diferencial.

Si bien Eduardo Vargas supo hacer las cosas bien durante la ausencia del francés (lesión) en las eliminatoria anteriores, el “10” felino tenía que jugar los 90 minutos. Es el mejor futbolista del balompié mexicano y prescindir de él en el inicio es darle ventajas claras al rival. De hecho, no iniciar con tus mejores piezas es algo que sí puede ser la diferencia en una final. Y lo fue.

Además, para el juego que se firmó Jürgen Damm en la ida cuando ingresó de cambio, no me explico que iniciara en la vuelta. Pésimos centros pese a la profundidad que tiene el exjugador de Pachuca. En la segunda mitad entró Javier Aquino, pero es evidente que se perdieron 45 minutos en donde su explosividad por la banda hubiera sido más constante.

Ya son tres finales que Tigres pierde a nivel continental. Su dominio en la liga mexicana es plausible y digno de reconocer. Pero la grandeza de un club rebasa las fronteras del país donde milita, por lo que mientras no gane un trofeo fuera de tierras aztecas, seguirá con insuficiencia para ser considerado un “grande”. Aunque aclaro que esto tampoco los hace un “equipo chico”.