OPINIÓN: Solari no debería subestimar una crisis

Santiago Solari, conferencia, Real Madrid
Rueda de prensa de Santiago Solari. | Fuente: EFE/Emilio Naranjo

En un club como el Real Madrid, de poco sirve sonreír y hacer chistes cuando es evidente que el equipo pasa por un mal año. Por más que Solari evite pensarlo, el Madrid no está bien.

Zinedine Zidane lo vio venir desde enero de 2018: a este Madrid campeón le quedaba poco de vida. El técnico francés hizo las maletas en mayo, consciente de que ni él podía animar a una plantilla embuchada de gloria. Su presagio quedó ratificado con la salida de Cristiano Ronaldo, máxima figura, al que una década en la Casa Blanca le parecía suficiente y su matrimonio profesional con Florentino Pérez tenía problemas irreconciliables. A ese mar picado se le sumó la llegada de Lopetegui al banquillo (esa que dolió en toda España) y un verano sin gusto en el que nadie vino a cubrir la vacante de crack que dejó Cristiano.

Los malos vientos se veían venir. Por eso, cuando Lopetegui fue despedido tras la derrota por 5-1 en El Clásico, nadie esperaba mucho de su reemplazo, un tal Santiago Solari, que abandonaba al Castilla sin gloria y cogía el barco blanco, no para llevarlo a destino, sino para evitar que se hundiera. Quizá ese sea el motivo para que la frase “hemos pasado del noveno puesto al cuarto” no cuele especialmente mal en la afición merengue. Al fin y al cabo, Solari no es el mayor responsable de que el Madrid no haya planificado bien la temporada. Él llegó con la tormenta iniciada.

Santiago Solari. | Fuente: EFE/Mariscal

Pero eso no significa que el clima esté para hacer barbacoa. El Real Madrid sale al campo con una plantilla que no está bien de forma y que rota las lesiones. Como consecuencia, el equipo aburre, juega mal y no es regular. Ante eso, lo mínimo que espera el hincha es un entrenador que ponga la cara y sea sincero. Que Solari salga a decir que “no hay que subestimar los empates” con cara de que todo está bien es engañarse a sí mismo e intentar engañar a los demás. En un club tricampeón de Europa, empatar contra el decimoctavo de la tabla no es un punto más sino dos puntos menos, sobre todo si el puntero (y máximo rival) se escapa a siete puntos de distancia. En el Madrid hay un problema de fondo y el técnico debe actuar de acuerdo a eso.

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Con su ironía y risa en la conferencia de prensa después del empate ante el Villarreal y sus inverosímiles comentarios antes del duelo contra la Real Sociedad, Solari perdió credibilidad y se ganó el título de culpable que nadie le había puesto aún. Si bien es cierto que él no causó la crisis, lo que deja ver con su actitud es que no se toma enserio la situación o que, aún peor, no la ve. En ambos casos, resta más de lo que suma y pone en riesgo su puesto. A ver si con ese discurso el Madrid clasifica a Champions en mayo.