Neymar Jr.: de Mogi das Cruzes al Olimpo del fútbol

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Neymar en un partido contra el Real Madrid. | Fuente: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images.

Una estrella fulgurante cae en Brasil, del firmamento a Mogi das Cruzes, donde el mundo ve nacer a Neymar da Silva Santos Junior, un prodigio del fútbol. Su luz, incandescente, inapagable, que brilla y se mantiene viva desde el nacimiento. Hábil con los pies, inteligente con el balón, con filigranas esculpidas y perfeccionadas desde las generaciones del joga bonito, de rapidez increíble, con samba en las venas, de humildad tejida en las favelas, dueño de un fútbol de diversión y alta calidad.

PRIMEROS TOQUES AL BALÓN

Neymar en el Santos Brasil | Fuente: Milenio.com

El balón toca la red y Neymar entra al fútbol, primero en el de salón, luego en el grande y profesional. Con tan solo 17 años debuta con el mítico Santos de Brasil en el Estadio del Vila Belmiro; no le queda grande el reto y de inmediato se vuelve figura en el Alvinegro Praiano. La grada entusiasmada con el talento del joven Ney, empieza a vociferar halagos:

“Ese chico juega como José Macia Pepe”

Primera comparación y reverencia conocida y distribuida por todo Brasil, se reparte de boca en boca y así los brasileros y luego el mundo se enteran del gran jugador que ha surgido.

“Neymar es idéntico a Robinho” dijo para un diario español el mítico jugador francés Zinedine Zidane en el 2011

Segundo halago que se masifica y se carga en la espalda y en el ánimo del joven prodigio.

Luego, llega la comparación con el Rey Pelé. Neymar ha maravillado al mundo y se le compara con el mejor de la historia. Los halagos se convierten en retos, se convierten en un costal cargado de desafíos, en uno que se debe mantener pase lo que pase. ¡Vaya peso!

Neymar junto a Pelé | Fuente: Diario AS

DE SANTOS A BARCELONA

136 goles y seis títulos después con el cuadro peixe, Neymar abandona Brasil y viaja directo a Barcelona. Mientras su contratación con el equipo blaugrana causa revuelo, el mundo entusiasmado, la prensa y su círculo cercano afirman que será el próximo balón de oro, el único capaz de romper con la hegemonía dorada de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Terminando de cargar a un joven Neymar que apenas inicia su fútbol, su maduración deportiva.

Neymar junto a Lionel Messi | Fuente: Goal.com

En las últimas décadas, el fútbol ha dejado de ser un deporte nato a convertirse en una dualidad gigantesca de mercantilización y espectáculo, afirmaciones y comparaciones como las que se han nombrado aquí con Neymar, le conviene en demasía a esa máquina depredadora que toma al fútbol por dinero, creación inmediata de estrellas, elevación de expectativas en jugadores que recién buscan su forma y maduración en el campo, vender camisetas con agilidad incesante, el deporte rey como moneda rentable para grandes monopolios.

“No hay droga que mueva fortunas tan inmensas en los cuatro puntos cardinales del mundo como el fútbol. Un buen jugador es una muy valiosa mercancía, que se cotiza y se compra y se vende y se presta, según la ley del mercado y la voluntad de los mercaderes”– Eduardo Galeano

Con este enmarañado contexto, el jugador tiene una vara alta que superar, en parte por convicción propia y en gran medida impuesta por este conglomerado externo ajeno al mismo Neymar, han dicho que se parece a Pelé y no puede decepcionar, dicen que es el líder que su Selección necesita para ganar un mundial y no puede decepcionar, debe romper la hegemonía del balón de oro y no puede decepcionar.

De un momento a otro el fútbol se vuelve en un reclamo de exigencias, donde Ney es ajeno a decisiones.

DE BARCELONA A PARÍS POR EL BALÓN DE ORO

Neymar es presentado en París | Fuente: Lionel Bonaventure/AFP

105 goles y 10 títulos después, Neymar emigra a Francia, al PSG. Su meta, la misma impuesta: el balón de oro, y en el equipo azulgrana tiene un referente que hace difícil el camino a ese propósito: Lionel Messi.

La prensa agiganta la llegada al Paris Saint Germain, el dueño del club paga la cifra más grande en el fútbol por un jugador, su presentación es apoteósica y multitudinaria, todo es desparpajo, todo es gigante y un espectáculo lejos del buen fútbol en el césped.

Un jugador libre de ataduras, sin demasiada prensa, sin comparaciones agigantadas en su espalda, tranquilo, dedicado a la simpleza del deporte, sin tensiones comerciales, rompe la hegemonía del balón de oro y lo gana: Luka Modric.

NEYMAR Y LA LIBERTAD DE SU JUEGO

Neymar no ha sido libre, no han permitido dejar crecer su fútbol, su potencial, en esplendor, porque todo el tiempo se le exige más de lo que se debería. Se le ha pedido que sea líder en su selección sin ni siquiera dejar madurar su estilo. Es por eso que el fútbol actual debe plantear mejor su relación con el comercio, con las exigencias del mercado. Pelé y Maradona no tuvieron ese problema, porque no tenían referentes, crecieron e hicieron su fútbol a su antojo, nadie los infló, ninguna marca le pidió el balón de oro, nadie les exigió un mundial, todo se ganó en la cancha, con sudor, con libertad. A Messi tienen el descaro de exigirle un mundial, como si eso fuera sinónimo de su grandeza, como si solo con el título pudiera demostrar algo que ya está explícito.

Es un inmenso jugador al que han negado su crecimiento, y no digo que en este momento no lo haga bien, es el tercer máximo goleador de su selección en la historia y lleva 269 goles en total en los clubes que ha jugado, pero estoy seguro de que ha podido dar más, estoy seguro de que su actitud sería diferente sin tanto peso. Es por eso quizás que su reproche ante la situación se vea como una pataleta en la cancha.

Liberemos a estos jugadores, disfrutemos pausada y tranquilamente de ellos, porque es un privilegio tener a un Neymar en el césped, pero no los coartemos con títulos, no los presionemos con trofeos innecesarios para su exquisito fútbol.