Fuente: El Intra Sports

Tras 10 largos y enredosos días, Lionel Messi confirmó este viernes que continuará en el Barcelona. En una íntima entrevista con Goal, el argentino declaró, pese a su profundo deseo de cambiar de aires, no estar dispuesto a ir a juicio contra el club de su vida. Ante la negativa a negociar por parte de la directiva azulgrana, el jugador tenía dos opciones para abandonar la Ciudad Condal: pagar una cláusula de 700 millones de euros (a lo cual no estaba dispuesto) o apelar ante la Justicia.

La directiva del Barça consiguió su objetivo de forma inmoral. Josep María Bartomeu y sus subalternos apelaron a los valores de Messi. Lo pusieron contra las cuerdas para forzarlo a quedarse, eran conscientes de la lealtad del jugador hacia el club. Lealtad que la directiva utilizó para beneficio propio y, por lo tanto, no merece. A fin de cuentas, Messi se vio obligado a quedarse.

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LaLiga desempeñó un rol fundamental durante el proceso. La determinación de las autoridades del Barça estuvo respaldada por la propia competición española. Aunque nadie puede asegurarlo, es muy probable que si LaLiga hubiera, al menos, adoptado una decisión neutral, el panorama fuera muy diferente. Lamentablemente, los intereses económicos primaron sobre la ética. Habiendo perdido a Neymar y Cristiano Ronaldo en un corto período de tiempo, el organismo no estaba dispuesto a dejar marchar a su principal figura.

Lejos de estar agradecidos con todo lo que Messi les ha dado, tanto la directiva culé como LaLiga tomaron una postura deplorable: decidieron exprimir al jugador. Los dirigentes del club, con el principal objetivo de resguardar su imagen, la cual ya está totalmente deshecha; las autoridades del organismo español, buscando preservar los ingresos y la competitividad del torneo. En ambos casos, los intereses particulares estuvieron por encima de la voluntad del rosarino.

En estas condiciones, la permanencia del ’10’ es un arma de doble filo. El hecho de seguir contando con uno de los mejores jugadores que ha visto este deporte supondría, en un contexto armónico, una noticia plenamente positiva para el conjunto catalán. No obstante, la voluntad de Messi de dar un paso al costado modifica la situación.

Fuente: Imago7

Ningún proyecto futbolístico puede girar en torno a un jugador ampliamente descontento que se encuentra en una institución por obligación. Proyecto que, en palabras del propio futbolista, no ha existido en la última etapa: “Hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada. Se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas”, aseguró. Y es que, durante las últimas temporadas, el Barcelona ha navegado sin rumbo en un barco comandado por autoridades incapaces.

El proceso de reestructuración profunda del club se verá postergado. La salida de Messi hubiera puesto punto y final a un ciclo que hace tiempo se saturó. Mientras el argentino continúe en el Camp Nou, el recambio generacional no podrá completarse. La necesidad de remodelación del Barça y el interés del argentino en cambiar de aires presentaban el panorama ideal para que este se marchara en buenos términos. Pero la directiva, con vistas únicamente a corto plazo, prefirió tirar de la cuerda.

En materia económica, la permanencia del rosarino supone un enorme beneficio para las arcas del Barça. Por su peso mediático, es uno de los jugadores que más ingresos genera a nivel mundial. En medio de la crisis económica actual, el club continuará contando con una importante fuente de dinero. No obstante, la exorbitante ficha del argentino (8,3 millones de euros brutos al mes) limitará las aspraciones del conjunto culé en el mercado de fichajes.

EL RETO DE KOEMAN

Ronald Koeman, nuevo entrenador del Barça, habría tenido un duro reto si Messi se marchaba. Sin embargo, la permanencia del argentino en estas condiciones no supone un escenario más alentador que el otro. Gestionar una plantilla quebrada en medio de una crisis institucional y económica supone un desafío al que pocos entrenadores pueden hacer frente. Si a esto sumamos una relación belicosa entre la directiva y el mejor jugador de la historia del club, el panorama se vuelve aún más adverso.

No obstante, Messi se mostró optimista respecto a la llegada del técnico neerlandés: “Hay un entrenador nuevo y una idea nueva. Eso es bueno, pero después hay que ver cómo responde el equipo y si nos va a dar o no para competir”, declaró.