OPINIÓN: Messi, vete del equipo

Enano, tenemos que hablar.

En el mundo de la alta competencia lo único que nos interesa es ser mejor que los otros, a cualquier precio y sin que el fin justifique los medios.

Tenemos que ganarlo todo de manera aborazada. El torneo dominical, el interbarrios, el solteros contra casados y demostrar en cada oportunidad que somos más altos, más fuertes y más poderosos. Es obligatorio, Leo.

En este equipo se hace trampa, somos un cuadro mediocre y corrupto. Ganar a cualquier precio.

Te tenemos sometido. Tu eres el líder de esta tribu engreída, sedienta de sangre que ha depositado sus fantasías más abstractas en ti y cuando no nos cumples te castigamos.

Messi, eres un pecho frío, pecho frío por no poder con las maletas de los demás muchachos. Porque sí, de vez en cuando te cargamos la maleta de la amargura, de la preocupación, de la angustia y de las peleas con la señora.

Esto no puede seguir así, tienes que dejar el equipo.

No eres nuestro y no nos representas. Tú eres de una raza diferente, una que conocimos cuando te conocimos.

La realidad es que llevas a tu espalda a un conjunto sin esperanza que cree que sólo puede ganar contigo en la cancha y que se limita ante tu presencia.

Cuando no podemos más, decimos: “dásela a Messi y que haga lo que pueda” y sí, podrás meter un gol, nos podrás sacar campeón, pero no nos vas a pagar las cuentas.

Hoy, lo mejor para todos es que te vayas de este equipo. Porque con nosotros nunca podrás ganar nada, seguirás siendo un don nadie, un pecho frío, un inyectado, una mala copia de Maradona y un segundón.

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Leo, mereces ser feliz. A ti no te obsesionan las mismas bajezas que a nosotros, las vanalidades que adornan a las almas pobres de alegría, de satisfacciones reales. Sigue con tu gusto por patear la pelotita y vuelve a casa con tu familia.

Este equipo te necesita tanto que lo mejor es que te dejemos ir y comprender que el ganar no lo es todo y que nuestra felicidad no puede depender de ti.

Hay veces que solo quisiera abrazarte y es que no mereces menos. Perdónanos, enano.