Juan Carlos Osorio
Osorio volvió a Atlético Nacional para 2019-II. Foto: Samuel Vásquez Rivas

Hace más de un año Juan Carlos Osorio regresó al lugar que lo impulsó como DT ganador y de credenciales. Atlético Nacional, en un proceso de restructuración y con ambiciones victoriosas confió nuevamente en el estratega más ganador de la historia del club. Sin embargo, las críticas que son parte de su maleta de viaje han subido a un nivel que hace peligrar su idolatría con el equipo cafetero. Esto, no solo por su tradición confusionista, sino también por sus desaciertos continuos y una actitud poco flexible al cambio necesario. En el regreso por la pandemia, los más ganadores de Colombia perdieron en sus dos primeras salidas, mientras Osorio demuestra una vez más lo difícil que es comprender su manera de analizar el fútbol y la filosofía que quiere implementar.

Sus seis títulos entre 2012 y 2015 con Atlético Nacional no han sido suficiente para que hoy, los hinchas y la opinión pública en general, estén totalmente seguros del entrenador. Cada día que pasa, sus planteamientos errados y sus salidas en falso quitan mérito a todos sus conocimientos, conceptos y términos que lo han mostrado como un intelectual del balompié. Incluso, sus caprichos poco exitosos siguen estando en su rutina diaria, como experimentos sobre el terreno de juego y jugadores dudosos en capacidad. Los resultados positivos, las camisetas que ha representado y su estatus como táctico hoy más que nunca se confrontan con un hombre soñador, iluso por momentos y perdido entre tantos libros multitemáticos.

Osorio confía excesivamente en su conocimiento, tanto que no es capaz de ver más allá de sus narices, perdiendo de por medio el tacto de la realidad que lo rodea.

Confusión por aquí y por allá:

Atlético Nacional
El DT colombiano no es campeón desde 2014. Foto: Atlético Nacional

El común denominador de Míster Osorio es su complejidad estratégica. Ha absorbido una cantidad tan grande de teoría durante estos años que incluso él mismo no sabe de dónde tomar para ejercer la mejor decisión. Hoy, en Atlético Nacional, el entrenador ha perdido los horizontes del proyecto deportivo. Incluso, manifestó que, “Hay que hacer una reflexión si vamos a continuar con nuestra idea de juego. El cuestionamiento es a nuestra forma y nuestro modelo”. Todo esto, luego de un partido ante Deportes Tolima, donde su visión del juego fue totalmente contraria a lo que propuso el partido; parar una línea de tres, enfrentándose a un equipo de delanteros veloces e infalibles.

Hay que hacer énfasis en dos frases concretas que ha mencionado desde su regreso a Colombia: “No tengo capacidad de hacer magia en cuatro meses”, luego de su fracaso en la liga colombiana 2019-II;  y “No sé”, respuesta al porqué del bajo nivel que ha mostrado el club verde en los últimos días. Casi un año después, ni magia ni resultados, teniendo teoría disponible para tomar alternativas y rutas diferentes.

Contradicciones en su filosofía: 

También ha mencionado que, “Trato siempre de ganar, y si ganar significa defender, pues eso se hará”. Y probablemente no haya obedecido a su propio ideal, construyendo un Atlético Nacional desequilibrado, sumamente inseguro en zona defensiva y que juega con una exposición constante. Pero, como dijo 45 días después de perder 7-0 ante Chile cuando dirigía la Selección de México, esa intención de defender para ganar, al parecer la comienza a implementar luego del tercer gol encajado, reconfigurando su táctica ya con un resultado casi liquidador y cuando lo tardío de su análisis supera los límites.

También ha perdido esa legitimidad como estratega excelso. Las rotaciones nunca han convencido, factor por el cual no puede consolidar un equipo que pueda enfrentarse a los diferentes escenarios. Al contrario, en su segundo ciclo con el Verdolaga, el estudio del rival que tanto pregona no se ha visto reflejado, confundiendo un grupo de jugadores que no saben cómo reaccionar, sin tener un plan B a la mano. Se ve corto de ideas y de posibilidades, como resultado de una paradoja.

Mirar hacia el futuro y no el presente:

Selección de Paraguay
Osorio dirigió solo un partido con Paraguay antes de terminar su vínculo. Foto: Antena 2

Una de las razones por las que Juan Carlos Osorio recaló en Atlético Nacional fue su fracaso con la Selección de Paraguay y su sueño frustrado de dirigir la Selección Colombia luego de Rusia 2018. Tal como lo dijo en algún momento, declinó a la opción de seguir dirigiendo al Tri, pese a la intención de los directivos de mantenerlo, por estar convencido de que su siguiente paso iba a ser el conjunto cafetero. Aun así, luego de terminar el vínculo con México, Colombia optó por Carlos Queiroz, descartando un posible trabajo conjunto con Osorio para buscar la clasificación a Qatar 2022.

Lo curioso fue le llegada del entrenador de 59 años a Paraguay, donde apenas dirigió un partido amistoso. Siempre, mientras estuvo con los guaraní, su mensaje fue claro; tener vigente la ilusión de dirigir a Colombia, factor que causó algún nivel de desconfianza entre Los Albirrojos, concretamente por pensar más en Colombia que en Paraguay. Sin duda, fue una decisión errónea de Osorio, entre tantas de los últimos tiempos. Pensó a futuro, pero el presente lo dejó sin nada, y viéndose obligado a retroceder volviendo al ámbito de clubes, nivel que ya había superado.

Bayern Múnich: la cualidad de perder 

Es complejo decir que Juan Carlos Osorio accedió a dirigir Atlético Nacional por no tener otra posibilidad. Y aunque probablemente no fue así, ese martirio de no ser el elegido cafetero hoy le sigue doliendo. La confianza mató al gato. Su egocentrismo espontáneo de hombre recorrido y experimentado le dio la lección de no ser siempre el primero de los técnicos y medirse nuevamente con los que de verdad le miden la temperatura a sus cualidades.

Su frase salvadora: 

“Intentaremos mejorar”, es la frase de moda. Y es válido decirlo, más cuando se pierden partidos y hay un claro error de planificación particular para cada rival. También es válido pensar en el futuro de un proceso deportivo, sacrificando de cierta manera el presente, igual a lo que ocurre hoy en día con Atlético Nacional; buscar resultados a largo plazo, pero no saber si es el presente será apto para que ese futuro imaginario sí resulte.

Confundir jugadores y extraviar una identidad:

Selección de México
Entre 2015 y 2018, Osorio dirigió 50 partidos con el 68% de rendimiento. Foto: As

Una de sus premisas es encontrar en los jugadores nuevas funciones que pueda exponer en el campo. También, tener varias modalidades estratégicas para situaciones diferentes. Además, excederse en la información que provee a sus dirigidos y plantear el juego de la manera más difícil, no para los contrarios, sino para los propios futbolistas. Esa es la principal dificultad del éxito en sus procesos; poder interiorizar totalmente una filosofía de juego, sumándole la rotación y los experimentos que hay de por medio. Sus jugadores se han sentido incómodos, ocupando una posición totalmente diferente y teniendo una incertidumbre de jugar o no jugar. Y aunque ellos quieren, tal como lo han admitido desde siempre, no pueden hacerse con los métodos y conceptos propios de Juan Carlos Osorio.

También hay que recordar que Juan Carlos Osorio ha sido, en diferentes ocasiones, responsabilizado de frenar el potencial de algunos futbolistas. Esos que no son de su preferencia y que no cumplen con las tareas que él delega sobre el campo, incluso sin ser esa posición natural. Para completar, es recurrente ver cómo jugadores, los cuales no son de capacidades visiblemente destacadas, tienen gran participación con niveles supuestamente inferiores a los que deberían.

No tener un solo esquema, con un 11 titular bien sólido y con labores fáciles de cumplir y simples de entender, hace que sea riesgoso la potencialización de nuevos jóvenes. Es difícil encontrar un jugador de alto nivel que cumpla con dos, tres o hasta cuatro roles; que siendo defensor sepa atacar y viceversa. Han sido pocos los juveniles que han llegado a la élite gracias a Osorio.