Gio Moreno
Moreno completa nueve temporadas en el fútbol chino. Foto: AS

Aún recuerdo algunos episodios mágicos de Giovanni Moreno en canchas sudamericanas, cuando el dinero chino no había llegado a su cuenta bancaria. El primero, el 18 de abril de 2010 en el Atanasio Girardot de Medellín, cuando Atlético Nacional venció 4-2 a Real Cartagena; El ‘Flaco’ recibió un centro en la medialuna, evadió a dos defensores con su típico alargue de balón hacia un lado, regateó a otros dos en una baldosa, tiró un caño a su antojo en la frontera del área y definió a la esquina más difícil para celebrar con la poca gente presente. Era uno de los peores años del club paisa en su historia.

El día que Gio Moreno fue aplaudido por sus rivales

El segundo fue en la abarrotada cancha de Boca Juniors, La Bombonera, el 20 de noviembre de 2011 por la fecha 15 del Torneo Apertura; Moreno amortiguó un balón con el pecho luego de un cambio de frente larguísimo, la dominó con zurda antes de tocar el suelo, hizo la famosa bicicleta y de tacón puso un pase que evadió los dos contrarios del Xeneize. Hasta los mismos hinchas locales le celebraron esa jugada al espigado volante de 1,90, que para esa época jugaba a su antojo en el posterior equipo subcampeón de la liga argentina.

No se pueden dejar a un lado sus piruetas para definir y marcar gol. Sus extrañas maneras corporales de dominar, evadir, gambetear y lanzarse al ataque, hecho desprolijo por su talento, digno de un colombiano. Incluso, no sé si algún otro cafetero juegue con esa tranquilidad y soltura. Ni siquiera sé si ha habido algún compatriota que se haya atrevido a pintar obras de arte de tal magnitud.

Probablemente ha habido jugadores más completos y mejor posicionados, pero lo de Moreno es difícil de encontrar, literalmente. Es tan escaso y tan magnífico su estilo que decidió irse para un país al que nadie le pone atención, ni tampoco que aporta mucho al fútbol centralizado; ese talento lo reservó para unos pocos, los oligarcas que pudieran pagar para tener presentaciones en vivo de su exquisito proceder. Incluso hoy con un lienzo desgastado, cualquier otro quisiera tener un ejemplar en la sala de su casa.

Una decisión que apagó posibilidades

Gio Moreno Racing
Gio Moreno jugando para Racing de Avellaneda. Foto: AS

Si en la actualidad es difícil ver partir a un gran talento hacia el fútbol asiático, imagínense cómo era en 2012. Gio Moreno había hecho la escalada perfecta en el fútbol, pero su partida a China quebrantó casi cualquier posibilidad en la gran esfera, no obstante a la convicción del jugador de consolidarse en el Shanghái Shenhua. Esa cuestión pasional y netamente económica lo maniató de haber podido ir al Mundial de Rusia 2018, con un James Rodríguez lesionado para la época y con un regreso frustrado al fútbol visible para una eventual convocatoria.

Debutó en Envigado, tal vez la mejor cantera del fútbol colombiano. Rápidamente, uno de los equipos más ganadores del país, Atlético Nacional, se hizo con sus capacidades y lo volvió un crack sin superar los 23 años de edad. Aunque de una manera controvertida y con vacíos en la transferencia, Racing Club le dio el primer paso al exterior y lo recibió en un trampolín perfecto para llegar a Europa, como siempre se ha creído en Colombia. Fue ascendiendo de la manera indicada, primero pasando por un chico, vistiendo los colores de un grande y posteriormente efectuando su exportación a una liga pesada del continente.

James Rodríguez: reinventarse en silencio o fracasar para siempre 

Sin embargo, a una edad perfecta para dar el gran salto, los chinos le pintaron pajaritos en el aire y con 25 años pasó a la penumbra de una liga en crecimiento y poco afamada. Podría haber sido muy criticada su decisión, por preferir bolsas llenas de dinero que estar en el top, pero a nivel individual fue quizás su mayor acierto, descartando eso sí lo que pudiera venir después si  hubiera seguido con el orden tradicional de sus pasos agigantados.

Un realismo nocivo para sus cualidades

Gio Moreno Selección Colombia
Moreno fue preseleccionado por Pékerman para Rusia 2018, pero no quedó entre los 23. Foto: Deportes RCN

Llegar a Europa es el sueño de cualquier futbolista. Pereciera que tener esa aspiración en la cabeza es requisito para jugar en un equipo de primera, tenga o no condiciones para lograrlo. Sin embargo, es difícil encontrar a jugadores realistas que no contemplen esa posibilidad y que prefieran explotar sus cualidades en un entorno más probable. Ese es el caso de Gio Moreno, mismo que dijo hace unos años para Marca que, “No sirve de nada estar en un grande de Europa y no jugar. El jugador es el que demuestra el nivel competitivo para estar en la selección, no la liga”.

Y aunque sus posibilidades en el equipo nacional fueron limitadas desde que es figura en China, en 2018 el mismo Moreno quiso regresar a la liga colombiana para tener cartel y ser convocado por José Pékerman al Mundial de Rusia; estuvo a un paso de firmar por Atlético Nacional. No pudo jugar otra vez en su país, no fue convocado para el torneo orbital y sus declaraciones anteriores no se materializaron, pese a tener un nivel individual por las nubes, literal y metafóricamente. Lo que sí demostró Moreno es que para él, lo más importante es jugar siempre, sea en Colombia, China o Europa.

En China Gio Moreno encontró su lugar 

Gio Moreno China
El colombiano ha salido campeón de la Copa de China en dos ocasiones. Foto: Shanghái Shenhua

Hoy completa nueve temporadas en la liga asiática, alcanzando desde 2012 un total de 235 partidos disputados. A eso se le suma que su temporada con menos partidos fue la primera jugando para el club azul, cuando disputó 16 encuentros en la temporada. Sin embargo, desde 2014, sus presencias han superado los 30 partidos por campeonato y se ha hecho un lugar en la sala de la fama en el fútbol chino. Es referente y me atrevo a decir que ha sido el mejor jugador en la historia de esa liga.

Es un talento exótico que solo los orientales han podido disfrutar al máximo. Moreno también ha disfrutado de su rendimiento individual y de su continuidad, y qué decir de sus casi cuatro millones de dólares por año. Juega, gana (dinero) y es aclamado por la multitud. Difícil saber si en Europa habría tenido todo ese trasegar que hoy lo posicionan como un indiscutible y ya recorrido talento. Posiblemente habría caído en la suplencia eterna como otro colombiano que hoy es la nueva incorporación del Everton, o quizás, sería de los mejores del mundo. Él se fue por el camino seguro y feliz.