Fútbol latino y migración a Europa

COLUMNA: FÚTBOL LATINO Y MIGRACIÓN

Por Álex Vargas.

La pelota de trapo se convirtió en balón y el asfalto derretido por el calor pasó a ser un lujoso estadio en alguna sofisticada metrópoli en el viejo continente.

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El fútbol como motor de sueños y salvador de vidas, un fenómeno total que engloba las realidades de los entes sociales que le dan forma a una pelota que tiene como propósito cruzar fronteras. La línea de gol, la depresión económica, la falta de oportunidades laborales y finalmente la aduana. Deporte, negocio, política, y migración.

Históricamente el mundo jamás había estado tan cerca de sí mismo y ahora en Barcelona se cantan goles con acento argentino y en París se baila sambinha en el Parque de los Príncipes. El centro y el sur del maltratado continente americano ha encontrado en el fútbol una llave mágica para mejorar las condiciones de vida de aquellos bendecidos con el don de patear correctamente la pelota.

En un punto del planeta en el que las posibilidades no florecen, países como Argentina, Uruguay y Brasil se han fabricado modelos de formación deportiva, si bien en algunos casos, precarios, siempre efectivos para la exportación de sueños a la tierra prometida: las ligas europeas.

No importa si es la liga de Moldavia o la Premier de Inglaterra, abandonar el límite del país de origen ya supone un triunfo. Es para lo que se trabaja, ya no basta con el romanticismo de debutar con el equipo del barrio en la liga local, algo que en muchas ocasiones puede resultar más bien un dolor de cabeza gracias a las federaciones bananeras que rigen el balón latino. Incumplimiento en los pagos, falta de organización y otras tantas joyitas empujan también a que el futbolista americano tenga como meta emigrar.

Tema aparte son los países que por sí mismos y más allá del deporte, representan un reto para vivir. El triste caso de la Venezuela bajo el yugo de tiranos que mantienen (espero no por mucho) sometido a un pueblo históricamente amante del deporte y que por ejemplo, durante 2018 no pudieron disfrutar de partidos del seleccionado vinotinto en tierra propia por lo altamente costoso que le resulta a la federación organizar un partido para el cual nadie tendrá la posibilidad económica de comprar entradas.

Motivos como el antes mencionado, entre tantos que aquejan a la entidad tricolor, no hacen si no sumar elementos a la renovada caravana migrante de futbolistas hacia el continente europeo.

Mientras tanto, la producción de futbolistas en un ‘paisito como Uruguay con a penas cuatro millones de habitantes sigue siendo tema de estudio a nivel mundial. ¿En qué cabeza cabe que una liga que sobrevive en el hilo de un milagro con las condiciones mínimas para poderse colgar el título de “profesional” sea caldo de cultivo de la mejor raza de futbolistas que pueda haber?

Los uruguayos parecen hechos en producción masiva para su venta a Europa y bajo fórmula que combina a la perfección entrega, calidad técnica, golpeo de pelota y un par de gónadas del tamaño del Estadio Centenario.

Sean las motivaciones que sean las de cada quién e independientemente del país de origen, el fútbol nos vuelve a mostrar un espejo de lo que somos, pero sobretodo, nos pone ejemplo de lo que podemos ser. Una sociedad rota desde su raíz que encuentra en la inclusión, la integración y la diversidad de cualidades la manera de salvar destinos y reescribir historias destinadas a la precariedad a través de un modelo en el que ganamos todos; futbolistas, clubes que venden, clubes que compran y la afición que nos deleitamos viendo a los héroes locales en el plano del mejor fútbol del mundo, el europeo.