Falcao en la soledad de Mónaco

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Falcao celebra su gol contra el Nîmes. Fuente: Reuters

Hace dos temporadas, el Mónaco de Falcao era un equipo que metía miedo y buscaba jugar una final de Champions League. Hoy es un triste fantasma de aquellos días en el que Radamel intenta sobrevivir.

Los datos son claros: el Mónaco no gana un partido desde hace mes y medio. En esa ocasión le ganó a FC Nantes por 1-3. Desde entonces ha jugado siete partidos, ha perdido cuatro y empatado tres. En esas, mientras el barco apenas flota, Falcao García intenta, con goles y gritos de capitán, mantener con vida a su tripulación, pero sin mucho éxito. Lo más triste de todo es que el colombiano todavía tiene algo más por dar y no tiene ni equipo ni liga para mostrarlo.

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Cuando el Mónaco fue semifinalista de Champions y ganó la liga francesa, otro grupo rodeaba a Falcao. Estaba Mbappé, su fiel compañero ofensivo con el que se repartía goles y asistencias, así como Lemar, esa bala hábil que siempre encontraba un hueco en la banda para centrar el balón hacia el colombiano. Ahora Mbappé es figura en el Paris Saint-Germain y Lemar salva las papas de Simeone en el Atlético de Madrid. Mendy y Bernardo Silva, dos apoyos importantes en el juego externo, dejaron el barco tras conseguir el título francés y viajaron al Manchester City de Pep Guardiola. También partieron Fabinho, el equilibrio del equipo, y Germain, el delantero suplente que le permitía descansar a Falcao sin que el Mónaco se viniera abajo en el partido.

Fuente: Caracol Radio

Hoy, el centro del campo lo lidera un joven y talentoso pero algo inocente Tielemans. Las bandas, mucho menos potenciadas que antes, están a cargo del ex de La Masía del Barcelona Jordi Mboula y de la joya sin explotar Sofiane Diop. Abajo, salvo Mendy, la defensa cuenta con los nombres de hace dos temporadas, pero ni Sibide, ni Jemerson ni Raggi están al nivel de esos días. En general, el Mónaco es un equipo joven tutelado por veteranos como Falcao y Raggi, pero no se ha encontrado ese equilibrio entre la sabiduría y el talento naciente. Las fechas avanzan y el proyecto que inició hace un año no despega aún.

Puede que algún día lo haga, pero la realidad es que Falcao tiene 32, y todavía tiene un par de años para dar alegrías en la élite del fútbol. No tiene porqué estar en ese rol de perro viejo que está sin piernas y solo puede pasar sus conocimientos a la siguiente generación. Basta con verlo en los partidos y observar cómo se mueve, cómo encuentra espacios y cómo se extralimita en su rol ante la falta de alternativas del equipo para convertir un gol. Su tanto contra el Nîmes es un excelente ejemplo. Cogió el balón en el círculo central y corrió como si fuera James hacia el arco. Remató y encontró suerte en un desvió para mandar el balón a la red.

Así son las cosas para El Tigre. Tuvo la oportunidad de viajar al Milán, que tampoco es una apuesta segura, pero sí una liga que le ofrece la competencia que concuerda con su nivel. Quizá en invierno llegue una oferta, ojalá de España o Inglaterra, en donde Falcao pueda dar su último aliento como jugador de la élite. El aficionado al buen fútbol se niega a creer que Radamel luchó tanto para recuperar su juego tras la lesión de 2014 como para desaparecer del globo tan temprano. Él decidirá, pues se nota que el Mónaco lo quiere y lo respeta como capitán, así como es obvio que Falcao tiene cariño especial por el club que le dio una segunda vida. Desde una perspectiva externa, a pesar de eso, todo parece indicar que el club del principado no tiene más que ofrecerle y lo ha dejado solo en el campo.