Eliminatorias: la muerte honorífica del soldado

Lionel Messi
Enfrentando a Ecuador, la Selección Argentina hizo su debut en Eliminatorias. Foto: Infobae

Estoy de acuerdo con Jorge Barraza cuando en una de sus más recientes columnas aseguró que las Eliminatorias son la muestra perfecta de los nacionalismos sudamericanos. Y es que más que ser un encuentro entre equipos por disputar el cupo para Qatar 2022, lo que significa este evento es una guerra patria por colocar en los más alto el nombre de una nación entera. El fútbol mismo importa poco, cuando dentro del terreno de juego se disputa la honra y el respeto, la honorabilidad y la vida. En el sentido más metafórico, es destruir al impostor y plantar la bandera ondeante en lo más alto de la montaña o junto a las playas por donde llegó la invasión de los ejércitos.

Esa virilidad se conjuga de una manera casi poética, cuando entre 10 escuadras hay en disputa cuatro cupos y medio para la cita orbital, de los cuales ya hay dos asegurados, o casi asegurados, para Brasil y Argentina. De resto, la mescolanza de destrucción le da su premio al que más resista en la zona de guerra. Clasificar depende de qué tanto se quiera una camiseta, incluso por encima de las individualidades y los nombres que completan la planilla de Conmebol.

Las Eliminatorias son para el más ventajoso y estratégico. Y no hablo de la táctica ni el 4-2-3-1 o 4-4-2, pero sí evoco cómo Carlos Salvador Bilardo levantó la Copa Mundial en 1986.

Viejos rencores rodean el balón:

Selección de Chile
El combinado chileno no clasificó a Rusia 2018 luego de ganar la Copa América. Foto: Selección Chilena

Cuando Néstor Pitana o Anderson Daronco dan el inicio de un partido por las Eliminatorias, esos conflictos políticos de antaño vuelven a pasearse por los envejecidos estadios de nuestro continente. La sangre en el ojo se agudiza con los primeros movimientos futbolísticos y en la mente del jugador patrio y dolido por su pueblo solo está la misión de vencer. Los himnos previos se convierten en la declaratoria de guerra, punto que mejora el espectáculo para el seguidor indiferente que apoya desde su casa con una vuvuzela desafinada.

Paraguay y Bolivia se vuelven a ver las caras para revivir la Guerra del Chaco. Los argentinos, por su parte, enfrentan a los chilenos por el conflicto de Beagle a finales de los 70 que decretó la pérdida de Las Malvinas. Los colombianos se rozan fuertemente con los de Venezuela por las migraciones mutuas de los últimos años, mientras que a Brasil todos le quieren ganar. La guerra del capitalismo y el socialismo de mediados de siglo pasado vuelve a ponerse en contienda, con espíritus contraculturales.

Lea más opinión sobre las Eliminatorias.

Evidentemente, esa mentalidad de soldado le pone un nivel más óptimo a los partidos de fútbol, que se presentan de lado y lado, equilibrados y para cualquiera. Tal como lo dijo Diego Forlán en algún momento, “En Sudamérica no hay resultados de 6-0 y 7-0”. Esa paridad, aparte de ser necesaria para clasificar y triunfar, es inculcada por los guerreros del terreno que se sienten fuertes al ganarle a su rival con mucho más esfuerzo. Se siente mejor el regresar a casa con magulladuras de victoria.

Ventajas propias de cada país:

Selección peruana
Paraguay y Perú empataron 2-2 en la primera fecha de Eliminatorias. Foto: Selección Peruana

Sudamérica es un continente realmente diverso en temas geográficos y culturales. Esa misma cultura se realza en la planificación estratégica de un partido de fútbol, saliéndonos un poco del tema de la guerra. El que quiera ganar, deberá aprovechar sus ventajas climáticas o topográficas para hacerlo, y así, demostrar quién es local. Antonio Valencia, histórico de Ecuador, manifestó que “puedes jugar en Barranquilla donde hace 40 grados y es húmedo. También en La Paz, que está a casi 4000 metros de altura”.

Lo han hecho los bolivianos, pasándole por encima a selecciones como la argentina en aquel recordado 6-1 para Sudáfrica 2010, cuando los visitantes sucumbieron ante el ahogo, literalmente. Y es que siendo un seleccionado de segundo orden, Bolivia ha encontrado su fortín, para por lo menos ganar sus partidos de local. Lo mismo con Colombia, que se quedó a vivir en Barranquilla y así deshidratar al punto máximo a sus contendientes en un clima infernal. La hora perfecta para jugar en Barranquilla es a las 3:30 P.M., cuando el sol no da facilidades de pago.

Las noches gélidas de Buenos Aires en La Bombonera o el calor tropical de Brasil en cualquiera de los estadios dispuestos para la Verdeamarhela, configurar si correr o hacer correr, si pausar o no pausar. El clima es la antesala de la estrategia táctica como tal.

Sin olvidar la diferencia de balones, que aunque no tiene que ver con el clima, sí está presente en las sedes. Cada selección cuenta con su propio balón, al que se acostumbran y con el que se vuelven íntimos amigos de baile. El visitante tendrá pocos días para entender sus raras texturas y sus movimientos caprichosos por el césped o de cara al arco. La Conmebol, al permitirlo, hace que los obstáculos sean mayores.

Diferencias de juego:

Lionel Messi marcó el primer gol de Argentina en estas Eliminatorias. Foto: ESPN

Para estas primeras dos fechas de Eliminatorias fueron convocados 275 jugadores en total. De esos, 114 juegan en nuestro fútbol continental, mientras que los sobrantes deben embarcarse en un vuelo mayor a las 10 horas. Claro está, según su ubicación hasta llegar a la concentración de su combinado patrio. Esa división entre futbolistas que juegan en Sudamérica o en otro continente también marca la pauta en cómo se disputa un partido decisivo. Los genes no se pierden, pero la costumbre sí.

En escena se encuentran dos estilos diferentes para ganar. Lo aguerrido de los uruguayos y los paraguayos en contra del talento brasilero o colombiano. Lo fuerte del jugador que viste una camiseta sudamericana o lo preciso que logra ser alguien de talla europea. Esos dos modelos definen la victoria o la derrota. Qué estilo puede ganarle a su opuesto, además de cómo se puede decodificar esa diferencia sustancial. Mientras Neymar le da toques finos a la bola, el defensor ecuatoriano Ángelo Preciado lo acribilla con un duro patadón. Mientras los de estilo postmoderno intentan jugar bonito, los tradicionales de la escuela paraguaya van directo a por la victoria con dos pelotazos certeros.

Esa es la verdadera lucha de ideales.