Claudio Bravo y una imagen imborrable. Fuente: Scoopnest

Bajo los tres palos, los arqueros pueden llegar a convertirse en auténticos héroes producto de sus sensacionales paradas. Aunque los goles cumplen un papel crucial en el fútbol, la difícil tarea de evitarlos es igual de importante. Sin embargo, algunos guardametas han querido ir más allá y han podido darse el lujo de introducir balones en el arco contrario. Es el caso, por ejemplo, de José Luis Chilavert, quien gracias a su prodigiosa pierna derecha pudo entonar el grito sagrado ni más ni menos que 62 veces.

Este artículo no está dedicado al mencionado ícono paraguayo, sino a un cancerbero que, sin destacar previamente por su faceta goleadora, hizo historia al marcar un gol de tiro libre que le daría una importantísima victoria a su equipo. Estamos hablando de Claudio Bravo, quien durante la temporada 2009-10 propició el triunfo de la Real Sociedad frente al Nàstic de Tarragona.

Tenemos que remontarnos al 14 de febrero del año 2010. En ese entonces, el conjunto vasco militaba en Segunda División, competición en la que se encontraba segundo. En el encuentro correspondiente a la jornada 24 le tocaría recibir al Nástic de Tarragona, ubicado en la séptima posición. A juzgar por el gran nivel en el que se encontraba. el encuentro no debía de ser más que un trámite para la Real, en aquel momento dirigida por el uruguayo Martín Lasarte.

Sin embargo, el desarrollo del duelo no se hizo nada sencillo y los locales tuvieron que esperar hasta el último minuto reglamentario del primer tiempo para ponerse en ventaja. Una falta sobre un joven Antoine Griezmann a las puertas del área rival le concedió a los txuriurdines una oportunidad de oro para abrir el marcador. Estaban todos preparados para la ejecución cuando apareció en escena Claudio Bravo.

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UN GOL PARA LA HISTORIA

El arquero chileno, incentivado por su compañero Diego Rivas, corrió hasta la otra punta del campo para pedirle a los suyos que le permitieran lanzar esa falta. La incredulidad se hizo presente en Anoeta, pues nadie se esperaba que el guardameta fuera a sacar provecho de aquella situación. A pesar de ello, Bravo estaba más que convencido, parecía como si alguien del más allá le hubiera enviado una señal divina. Haya sido así o no, lo cierto es que el arquero tomó carrera y envió la pelota por abajo de la barrera para que esta se acabara metiendo en el arco rival. La locura se desató al instante en casa de la Real.

Aquel gol quedará para siempre grabado en la memoria de los aficionados txuriurdines. Más aún si tomamos en cuenta que esa misma temporada el equipo se alzó con el título y firmó su vuelta a Primera División luego de tres temporadas. Por su parte, Bravo fue elegido como el Mejor Portero de Segunda División y consiguió el Trofeo Zamora al ser el arquero menos batido del campeonato.