La cultura de la cancelación está en boca de todos, principalmente en las redes sociales. El fenómeno de “cancelar” a alguien por diversas razones es uno de los más comunes en los últimos tiempos. Sin embargo, su práctica cotidiana no deja de ser objeto de debate en diferentes sectores. Por eso, en Balón Latino nos hemos propuesto presentarles el debate sobre esta cultura.

¿Qué es la cultura de la cancelación?

Como ya se dijo, esta cultura tiene que ver con la acción de “cancelar” a una persona o empresa. Es decir, a dicha persona o empresa se le retira cualquier tipo de apoyo, se le hace el centro de las críticas, y se le busca boicotear determinados negocios o propuestas que llegue a realizar. Esta cancelación no ocurre de un momento a otro y sin razón. El motivo detrás de ella tiene que ver con alguna pronunciación o acción de la persona o empresa que es contraria a las posturas de quien la cancela. Entonces, la tendencia de la que estamos hablando tiene que ver con una especie de castigo contra aquellas entidades que se manifiestan de manera opuesta a unos intereses particulares.

Responsabilidad vs censura

El auge de la cultura de la cancelación indica la tensión entre dos elementos claves de la sociedad contemporánea: la responsabilidad social y la censura. Por un lado, la posibilidad latente de cancelación obliga a las personas, empresas y figuras públicas a responsabilizarse de sus acciones y preocuparse por valores más allá de su labor inmediata. Con esto podemos hablar de casos en los que empresas no responden por acciones que perjudican el medioambiente y reciben la “cancelación” por parte de sus anteriores consumidores. La cancelación invita a estas entidades a direccionar sus acciones y productos hacía la responsabilidad social.

Sin embargo, no en todos los casos es evidente la bondad de la cultura de la cancelación. Por este lado del debate, se ha hecho mella en la censura de ciertas opiniones y/o posturas que son contrarias a determinados ideales. Lo que se señala en estos casos es que se remueven del debate público posturas incómodas y contrarias a lo que algún grupo considera adecuado, incurriendo en limitaciones a la libertad de expresión. Posibles casos de esto los vemos cuando se “cancela” a alguna figura pública por su no participación en determinados debates políticos. Casos de cantantes, como J Balvin, o algunos futbolistas, que se abstienen de mostrar su postura frente a situaciones sociales o que expresan su inclinación hacía figuras polémicas, son ejemplo de este dilema.

El debate no es fácil de esclarecer. Las situaciones en las que la cultura de la cancelación hace presencia son complejas y tienen aristas para inclinarse por ambas opciones. Por eso, lo que debemos preguntarnos es: ¿en qué punto la preocupación por la responsabilidad social pasa a ser censura?